El modelo Ryanair, cómo es posible volar tan barato

La reina de las low cost europeas es irlandesa, y todos la conocemos ya para bien o para mal. Ryanair fue la primera y la que más ha hecho por lo que se ha denominado la “democratización del aire”; ofrecer tarifas extrarreducidas por vuelos entre las ciudades europeas y desde hace unos años el norte de África. Lo que muchos se preguntan es cómo es posible que por volar en Ryanair pueda llegar a pagar 10 euros, si el mismo trayecto en otra compañía puede salir por 200.

El modelo low cost de Ryanair se basa en varios pilares. Por un lado, la parte administrativa se ha reducido al mínimo y toda su gestión se realiza por vía telemática. No tienen más oficinas que las indispensables. De este modo ya se ahorran en alquileres y personal un buen pellizco.

Por otro lado, Ryanair vuela en general a aeropuertos secundarios, que se encuentran a pocas horas de los lugares finales de destino. Cuando la compañía irlandesa desembarcó en España lo hizo en el aeropuerto de Salamanca, que está a más de dos horas de viaje de Madrid. ¿Qué consigue Ryanair con esto? Para empezar reduce costes ya que las tasas aeroportuarias en estas infraestructuras son mucho menores que en los grandes aeropuertos. Además, aprovechando que hay poca competencia para ocupar este tipo de instalaciones suele obtener ayudas públicas para cubrir sus costes de instalación y apertura del trayecto. Las autoridades que gestionan la infraestructura confían en que el tráfico que genere la aerolínea repercuta positivamente en la economía local.

Además, si bien el precio del billete suele ser mucho más barato que en la competencia –eso sí, si se compra con alguna oferta, o si se hace con tiempo, si no los precios pueden ser similares—Ryanair cobra por cualquier extra que se quiera. El billete incluye el derecho a sentarse y a llevar una bolsa de mano de reducidas dimensiones y no más de 8 kilos de peso. Tal cual. Si uno quiere facturar una maleta, tiene que pagar un extra. El pago con tarjetas que no sea la de Ryanair implica un cargo adicional. Que se quiere ir en la primera fila para poder llevar las piernas un poco estiradas… a pagar. No apoto si quieres un viaje de novios exclusivo y comodo.

Otro de los factores que influyen en su éxito es tener los aviones el mayor número de horas posible en el aire. Un avión en tierra no produce beneficios, un avión volando es el negocio. Por ello, Ryanair reduce al mínimo posible sus escalas en tierra y es tan puntillosa con el tema de la puntualidad –más aún cuando los retrasos pueden implicar pagos de compensaciones.

Incluso fuera de los aeropuertos Ryanair obtiene beneficios. A fin de cuentas, si uno aterriza en Charleroi, Bélgica (30 kilómetros al sur de Bruselas) y su destino son las encantadoras calles de la capital belga o los canales de Gante o Brujas tendrá que desplazarse hasta allí. Para ello Ryanair despliega en tierra sus autobuses lanzadera o lleva a cabo convenios con empresas para crear estas líneas desde los aeropuertos en que aterriza y los principales centros urbanos de la zona. Tanto es así que el aeropuerto Ryanair de “Viena” está en otro país. Los pasajeros que vuelan a la capital austriaca con esta compañía aterrizan en Bratislava y toman un autobús que en hora y media les lleva hasta su destino. Otra de las fuentes alternativas de ingresos para la empresa irlandesa.

Con todas las incomodidades que pueda representar volar con Ryanair, es cierto que con su modelos ha roto el mercado de transporte aéreo de pasajeros y ha llevado a la creación de otras aerolíneas que han seguido explotando el negocio low cost. Esto ha beneficiado sin duda al consumidor que ahora cuenta con más opciones y más baratas para poder desplazarse por el continente europeo.